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En un principio me dispuse a escibir sobre el concierto de Nine Inch Nails, el concierto de este festival quizás más concerniente a esta página. Pero después de los cuatro días de festival, he decidido divulgar las bondades de un lugar donde la música, sea del estilo que sea, es el centro de gravedad.
Pese al mal tiempo, el recinto estaba abarrotado, la lluvia no logró disuadir a la multitud. Un primer dia de calentamiento, "solo" cuatro horas de conciertos, en una carpa más modesta pero debidamente cubierta (aunque la acústica era más que limitada). Sean Riley and the Slow Riders nos sorprendieron con un rock clásico, haciendo guiños al folk, guitarras impecables y una puesta en escena sobria y sencilla. Le siguieron los jovencísimos Strange Boys con un estilo country que muchos calificaron de desafortunado, pero personalmente encontré fascinante esa ronquera característica del imberbe vocalista.


El cabeza de cartel y rey de la noche llegó, Patrick Wolf, rey del glam, showman por excelencia, recordándonos ese Bowie transformado en Ziggy y haciendonos bailar olvidando el cansancio de un largo e interminable viaje.

Después del merecido descanso de esa noche (con tapones, siempre con tapones, hay música toda la noche) al día siguiente antes de los conciertos pudimos escuchar en directo jazz, hacer yoga, y demás actividades que ofrecian, completito el festival...
A las 6 comienzan los conciertos de un día de verdadero eclecticismo musical, destacando The horrors, concierto del que esperaba mucho más de lo que encontré, mal sonido, falta de experiencia, no supieron cómo conquistar al público. Lástima, el punk oscuro que escuché en su disco prometía más. Después, puntuales como todo en este festival, Supergrass, quitándose a golpe de guitarra la denominación de brit pop para regalarnos un rock, aunque suave, de calidad, en un directo del que pocos pueden presumir.



Por mucho que se salga en estilo de lo que es la línea que quería tratar, no puedo dejar de dedicar un par de líneas a Franz Ferdinand, y a ese ritmo que impulsa a seguir el ritmo a quien lo escuche. Un directo perfecto, música muy disco y una simpatía y modestia que, si bien extraño, se agradece en un artista de ese calibre.

Y ya llega lo bueno: Peaches. Yo, de mayor, quiero ser así. Aparte de una puesta en escena espectacular, excentricidades aparte, escaladas por los andamios y demás locuras que se le ocurrían, nos ofrecieron un concierto de rock que sorprendia gratamente a los miles de fans de NIN que esperaban. La guitarrista, rubia jovencísima y espectacular, tocó un solo de cinco minutos que dejó paralizado a los presentes, cuando acabó yo, simplemente, quería más.







El último concierto, el más esperado del festival. Nine Inch Nails demostraron su veteranía, que veinte años encima de un escenario no es poco. Dieron un concierto de temas muy clásicos, como Hurt, Piggy, Head Like a Hole o Sin. Guitarras muy potentes, destacaron mucho los teclados y en escena la luz. Se echó de menos algun tema habitual, como Closer, y tampoco se metieron mucho en el disco nuevo, mucho más eléctrico e industrial. Después de esto, confío en que no sea verdad lo que dijo Reznor de su separación, sería un desperdicio.






En general, cuatro dias de rock en todas sus variantes, en un entorno natural y con un ambiente inmejorable. Un diez para la organización de este festival.
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